sábado, 4 de marzo de 2017

Mejor ser ateo que un católico hipócrita

"Es un escándalo decir una cosa y después hacer otra. Eso es tener una doble vida. Hay quienes dicen: 'Soy muy católico, siempre voy a misa, pertenezco a esta y a aquella asociación'", dijo en la misa matutina que tuvo lugar en su residencia, según una transcripción de la Radio Vaticano.El papa Francisco volvió a criticar a algunos de los miembros de su propia Iglesia, insinuando que es mejor ser ateo que uno de muchos católicos que, dijo, llevan una doble vida de hipocresía 
24/02/2017 01:22  REUTERS

lunes, 13 de febrero de 2017

Dios es amor

Pregunta: "¿Qué significa que Dios es amor?"

Respuesta: ¿Qué significa que Dios es amor? Primero veamos cómo la Biblia, La Palabra de Dios, describe “el amor” y después veremos algunos ejemplos que se aplican a Dios. “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no es indecoroso, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser.” (1 Corintios 13:4-8ª)

Esta es la descripción que Dios hace del amor. Así es como es Dios, y los cristianos tienen que hacer de éste su meta (aunque siempre en proceso). La más grande expresión del amor de Dios nos es comunicada en Juan 3:16 y Romanos 5:8 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Podemos ver por estos versos que el deseo más grande de Dios es que nos unamos con Él en Su hogar eterno, el cielo. Él hizo posible este camino, pagando el precio por nuestros pecados. Él nos ama, porque así lo decidió como un acto de Su voluntad. “Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión.” (Oseas 11:8b). El amor perdona. “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” (1 Juan 1:9)

El amor (Dios) no se impone a nadie. Aquellos que vienen a Él lo hacen en respuesta del llamamiento de Su amor. El amor (Dios) muestra bondad hacia todos. El amor (Jesús) prodigó el bien a todos, sin parcialidad. El amor (Jesús) nunca codició lo que otros tenían, viviendo una vida humilde sin quejarse. El amor (Jesús) nunca se jactó de quién era en la carne, aunque Él podía dominar fácilmente a cualquiera que entrara en contacto con Él. El amor (Dios) no demanda obediencia. Dios no demandaba obediencia de Su Hijo, sino más bien, Jesús obedecía gustosamente a Su Padre celestial. “Mas para que el mundo conozca que amo al Padre y como el Padre me mandó, así hago.” (Juan 14:31). El amor (Jesús) estuvo y está siempre viendo por los intereses de otros.

Esta breve descripción del amor, revela una vida sin egoísmo, en contraste con la vida egoísta del hombre natural. Asombrosamente, Dios ha otorgado a aquellos que reciben a Su Hijo Jesucristo como su Salvador personal del pecado, la habilidad de amar como Él lo hace, a través del poder del Espíritu Santo (ver Juan 1:12; 1 Juan 3:1, 23, 24). ¡Qué privilegio y desafío tenemos!

El amor de Dios es tan infinto que por más que nos hayamos olvidado de él y lo hayamos ofendido, él siempre estará dispuesto a recibirnos con los brazos abiertos...
¿Tiene preguntas? Preguntas de la Biblia contestadas
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sábado, 11 de febrero de 2017

Jornada mundial del enfermo

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA XXV JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO 2017

El asombro ante las obras que Dios realiza:
«El Poderoso ha hecho obras grandes por mí…» (Lc 1,49)

Queridos hermanos y hermanas:

El próximo 11 de febrero se celebrará en toda la Iglesia y, especialmente, en Lourdes, la XXV Jornada Mundial del Enfermo, con el tema: El asombro ante las obras que Dios realiza: «El Poderoso ha hecho obras grandes por mí…» (Lc 1,49). Esta Jornada, instituida por mi predecesor san Juan Pablo II, en 1992, y celebrada por primera vez precisamente en Lourdes el 11 de febrero de 1993, constituye una ocasión para prestar especial atención a la situación de los enfermos y de todos los que sufren en general; y, al mismo tiempo, es una llamada dirigida a los que se entregan en su favor, comenzando por sus familiares, los agentes sanitarios y voluntarios, para que den gracias por la vocación que el Señor les ha dado de acompañar a los hermanos enfermos. Además, esta celebración renueva en la Iglesia la fuerza espiritual para realizar de la mejor manera posible esa parte esencial de su misión que incluye el servicio a los últimos, a los enfermos, a los que sufren, a los excluidos y marginados (cf. Juan Pablo II, Motu proprio Dolentium hominum, 11 febrero 1985, 1). Los encuentros de oración, las liturgias eucarísticas y la unción de los enfermos, la convivencia con los enfermos y las reflexiones sobre temas de bioética y teológico-pastorales que se celebrarán en aquellos días en Lourdes, darán una aportación nueva e importante a ese servicio.

Situándome ya desde ahora espiritualmente junto a la Gruta de Massabielle, ante la imagen de la Virgen Inmaculada, en la que el Poderoso ha hecho obras grandes para la redención de la humanidad, deseo expresar mi cercanía a todos vosotros, hermanos y hermanas, que vivís la experiencia del sufrimiento, y a vuestras familias; así como mi agradecimiento a todos los que, según sus distintas ocupaciones y en todos los centros de salud repartidos por todo el mundo, trabajan con competencia, responsabilidad y dedicación para vuestro alivio, vuestra salud y vuestro bienestar diario. Me gustaría animar a todos los enfermos, a las personas que sufren, a los médicos, enfermeras, familiares y a los voluntarios a que vean en María, Salud de los enfermos, a aquella que es para todos los seres humanos garante de la ternura del amor de Dios y modelo de abandono a su voluntad; y a que siempre encuentren en la fe, alimentada por la Palabra y los Sacramentos, la fuerza para amar a Dios y a los hermanos en la experiencia también de la enfermedad.

Como santa Bernadette estamos bajo la mirada de María. La humilde muchacha de Lourdes cuenta que la Virgen, a la que llamaba «la hermosa Señora», la miraba como se mira a una persona. Estas sencillas palabras describen la plenitud de una relación. Bernadette, pobre, analfabeta y enferma, se siente mirada por María como persona. La hermosa Señora le habla con gran respeto, sin lástima. Esto nos recuerda que cada paciente es y será siempre un ser humano, y debe ser tratado en consecuencia. Los enfermos, como las personas que tienen una discapacidad incluso muy grave, tienen una dignidad inalienable y una misión en la vida y nunca se convierten en simples objetos, aunque a veces puedan parecer meramente pasivos, pero en realidad nunca es así.

Bernadette, después de haber estado en la Gruta y gracias a la oración, transforma su fragilidad en apoyo para los demás, gracias al amor se hace capaz de enriquecer a su prójimo y, sobre todo, de ofrecer su vida por la salvación de la humanidad. El hecho de que la hermosa Señora le pida que rece por los pecadores, nos recuerda que los enfermos, los que sufren, no sólo llevan consigo el deseo de curarse, sino también el de vivir la propia vida de modo cristiano, llegando a darla como verdaderos discípulos misioneros de Cristo. A Bernadette, María le dio la vocación de servir a los enfermos y la llamó para que se hiciera Hermana de la Caridad, una misión que ella cumplió de una manera tan alta que se convirtió en un modelo para todos los agentes sanitarios. Pidamos pues a la Inmaculada Concepción la gracia de saber siempre ver al enfermo como a una persona que, ciertamente, necesita ayuda, a veces incluso para las cosas más básicas, pero que también lleva consigo un don que compartir con los demás.

La mirada de María, Consoladora de los afligidos, ilumina el rostro de la Iglesia en su compromiso diario en favor de los necesitados y los que sufren. Los frutos maravillosos de esta solicitud de la Iglesia hacia el mundo del sufrimiento y la enfermedad son motivo de agradecimiento al Señor Jesús, que se hizo solidario con nosotros, en obediencia a la voluntad del Padre y hasta la muerte en la cruz, para que la humanidad fuera redimida. La solidaridad de Cristo, Hijo de Dios nacido de María, es la expresión de la omnipotencia misericordiosa de Dios que se manifiesta en nuestras vidas ―especialmente cuando es frágil, herida, humillada, marginada, sufriente―, infundiendo en ella la fuerza de la esperanza que nos ayuda a levantarnos y nos sostiene.

Tanta riqueza de humanidad y de fe no debe perderse, sino que nos ha de ayudar a hacer frente a nuestras debilidades humanas y, al mismo tiempo, a los retos actuales en el ámbito sanitario y tecnológico. En la Jornada Mundial del Enfermo podemos encontrar una nueva motivación para colaborar en la difusión de una cultura respetuosa de la vida, la salud y el medio ambiente; un nuevo impulso para luchar en favor del respeto de la integridad y dignidad de las personas, incluso a través de un enfoque correcto de las cuestiones de bioética, la protección de los más débiles y el cuidado del medio ambiente.

Con motivo de la XXV Jornada Mundial del Enfermo, renuevo, con mi oración y mi aliento, mi cercanía a los médicos, a los enfermeros, a los voluntarios y a todos los consagrados y consagradas que se dedican a servir a los enfermos y necesitados; a las instituciones eclesiales y civiles que trabajan en este ámbito; y a las familias que cuidan con amor a sus familiares enfermos. Deseo que todos sean siempre signos gozosos de la presencia y el amor de Dios, imitando el testimonio resplandeciente de tantos amigos y amigas de Dios, entre los que menciono a san Juan de Dios y a san Camilo de Lelis, patronos de los hospitales y de los agentes sanitarios, y a la santa Madre Teresa de Calcuta, misionera de la ternura de Dios.

Hermanos y hermanas, enfermos, agentes sanitarios y voluntarios, elevemos juntos nuestra oración a María, para que su materna intercesión sostenga y acompañe nuestra fe y nos obtenga de Cristo su Hijo la esperanza en el camino de la curación y de la salud, el sentido de la fraternidad y de la responsabilidad, el compromiso con el desarrollo humano integral y la alegría de la gratitud cada vez que nos sorprenda con su fidelidad y su misericordia.

María, Madre nuestra,
que en Cristo nos acoges como hijos,
fortalece en nuestros corazones la espera confiada,
auxílianos en nuestras enfermedades y sufrimientos,
guíanos hasta Cristo, hijo tuyo y hermano nuestro,
y ayúdanos a encomendarnos al Padre que realiza obras grandes.

Os aseguro mi constante recuerdo en la oración y os imparto de corazón la Bendición Apostólica.

8 de diciembre de 2016, Fiesta de la Inmaculada Concepción

Francisco

martes, 13 de diciembre de 2016

Religión, Libertad y Valores en el Uruguay.

Religión, Libertad y Valores en el Uruguay. Declaración del Grupo Interconfesional de Melo.

El pasado 22 de noviembre se reunió por primera vez el Grupo Interconfesional de Melo, en el que participaron los siguientes líderes religiosos:

• Pastor Wilson Acuña, Iglesia Evangélica Pentecostal – Cruzada Universal
• Monseñor Heriberto Bodeant, Obispo de la Diócesis de Melo, Iglesia Católica Apostólica Romana.
• Pastor Martín Correa , Iglesia Asamblea de Dios
• Sr. Rafael Diogo, Presidente de la Estaca Melo–Uruguay de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días
• Pastor Armando Dos Santos, del Primer Tabernáculo Cristiano
• Pastor Fabricio García, Iglesia Evangélica El Tabernáculo de Reunión
• Obispo Freddy Lafranchi, Iglesia de Dios en el Uruguay - Misiones Mundiales
Reunidos el 11 de diciembre de 2016 sacaron la siguiente declaración:

1. Unidos en aspectos esenciales
Desde nuestras diferentes tradiciones religiosas, hay aspectos importantes en los que nos sentimos unidos:
• Adoramos al mismo Dios y creemos en Jesucristo y en su Evangelio.
• Compartimos y queremos vivir los valores cristianos.
• Tenemos en muy alta estima el valor de la vida y el valor de la familia.
• Sentimos unánimemente un gran aprecio por la libertad religiosa.

2. Valoramos la libertad religiosa y de conciencia y la laicidad positiva
La Constitución de la República establece en su artículo 5°: “Todos los cultos religiosos son libres en el Uruguay. El Estado no sostiene religión alguna.” Se establece así la libertad religiosa y la laicidad del Estado.
Como creyentes sentimos unánimemente un gran aprecio por la libertad religiosa. Sostenemos nuestro derecho de vivir conforme a nuestros principios cristianos y de adorar a Dios de acuerdo a los dictados de nuestra propia conciencia, y reconocemos a los demás el mismo privilegio: buscar libremente la verdad y vivir, creer o adorar de acuerdo a su propia conciencia.
Entendemos que es esencial para la paz y el crecimiento de los individuos, que se conserven invioladas las leyes que garanticen a cada ciudadano el libre ejercicio de la conciencia.
Al Estado corresponde perseguir y reprimir el crimen, pero no puede pretender dominar la conciencia ni suprimir la libertad del alma. Cuando la ley del hombre y la de Dios se contradicen, debe reconocerse el derecho a la objeción de conciencia.
Los gobiernos no pueden establecer por ley la paz, el amor, la bondad; en cambio las religiones las hacen nacer en el corazón humano. Los gobiernos imponen la ley que está escrita en los libros; la religión ayuda a descubrir la ley escrita en el corazón del hombre y exhorta a obedecerla.
Quienes obedezcan la ley de Dios, rara vez desobedecerán las leyes humanas que protegen la vida, los bienes y el honor del prójimo. Todo esto nos lleva a manifestar nuestra convicción acerca de la influencia positiva de las religiones en la vida de los ciudadanos.
Las religiones contribuyen a la formación del orden moral y de los valores que hacen a una sana convivencia social. Los gobiernos pueden establecer por la ley qué es delito y qué no lo es; pueden reprimir a los violentos; pueden construir cárceles, pero no pueden decretar o legislar para establecer el amor, la bondad y la paz en su más profunda y acabada dimensión. Creemos que la laicidad debe entenderse en forma positiva, en el marco de un sano pluralismo, de manera que los creyentes y los líderes religiosos puedan manifestar públicamente todo aquello que estimen oportuno para la construcción de la sociedad.
Observamos que, algunas veces, en el debate público se pretende censurar la opinión de líderes religiosos, aduciendo que el Estado es laico. La laicidad se desvirtúa si se convierte en oposición a todo lo religioso y llega a sustentar intolerancia y discriminación religiosa. La laicidad no es la oposición a todo lo religioso, sino el reconocimiento de la diversidad de creencias.
El Estado debe mantener su independencia, sin favorecer una religión en desmedro de otras; pero no puede pretender anular la contribución religiosa al bien de toda la sociedad.
La educación sexual es un campo donde se juegan profundamente los valores y las creencias de las personas. Se viola la laicidad cuando se pretende imponer en la educación de niños y adolescentes un enfoque que contradice lo que muchos padres enseñan a sus hijos de acuerdo a sus convicciones religiosas. Particularmente, cuando se pretende fomentar en niños y adolescentes opciones prematuras referentes u opuestas a su sexo y en contraposición a las enseñanzas de sus padres.

3. Afirmamos el valor de la vida y la familia
Respetamos la diversidad en sus diferentes formas y nos oponemos a toda discriminación por razones de raza, color de piel, religión, origen nacional o étnico, discapacidad, aspecto estético, género, orientación e identidad sexual. No obstante, tenemos principios cristianos por los que creemos en la familia basada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer, la fidelidad conyugal y la pureza sexual, para los que reclamamos el respeto consagrado en la constitución y en las leyes vigentes relacionadas a la libertad de culto y al sentimiento religioso. El aborto es la destrucción de vidas inocentes que se inician no solamente por la unión de un hombre y una mujer, sino con la intervención de Dios, creador de la vida.
En 2015 se registraron en Uruguay 9.362 abortos contra 48.926 nacidos vivos. Reafirmamos el valor único de cada vida y pedimos que no se ahorren los esfuerzos para que cada criatura pueda nacer y desarrollar una vida plena que enriquezca el conjunto de la sociedad. Consideramos que el consumo de drogas tiene perniciosos efectos en la salud, el entorno familiar y la sociedad. Creemos que la causa profunda de este flagelo está en el vacío y falta de sentido de la vida que sufren muchos uruguayos. En la fe ofrecemos un camino de encuentro de sentido y enseñamos la total abstención.

4. Buscamos vivir y trasmitir valores para la construcción de la sociedad
En una sociedad en la que a menudo se dice que “se están perdiendo los valores”, queremos vivir y trasmitir:
• La bondad, el amor y el servicio al prójimo
• La fidelidad a Dios y el respeto por todo lo sagrado
• El perdón y la misericordia
• La fidelidad en el matrimonio y la pureza moral
• El respeto por los padres, la unidad y la comunicación familiar
• El respeto por la vida, especialmente por la vida de la mujer y la vida de quien todavía no ha nacido
• La humildad, la verdad y la honestidad
• El respeto a la autoridad y el empeño por la paz
• El trabajo, para contribuir a la autonomía social, la autoestima y superación personal y colectiva.
• El cuidado de nuestro ambiente Y todos los demás principios y valores que Jesucristo enseñó con su ejemplo.

Nos despedimos implorando para cada una de las personas que habitan nuestra ciudad, la bendición del Padre Celestial y de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo.