domingo, 11 de mayo de 2014

Papa Francisco: La puerta de la misericordia

Homilía del Papa Francisco en la ordenación de 13 sacerdotes

El Papa Francisco presidió la mañana de este domingo la Santa Misa en la basílica de san Pedro con la ordenación presbiteral de 13 diáconos, a quienes pidió que no se cansen nunca de ser misericordiosos.
Después de la presentación de los ordenándoos el Papa reflexionó sobre la importancia del sacramento presbiteral y les recordó que si cierran “las puertas de la Iglesia”, no serán buenos “pastores”.

Les pidió que se empeñaran en “unir a los fieles en una única familia y que tengan siempre delante la figura del Buen Pastor”.

Durante la homilía reconoció que le duele mucho ver “que las personas no van a confesarse porque han sido tratadas mal por el sacerdote, porque les han regañado o porque han visto que las puertas de la Iglesia se les cerraban en la cara”. Por eso ha insistido a los diáconos en que tengan “tanta misericordia”.
Una vez terminada la homilía, el Papa preguntó uno a uno si querían tomar el sacramento sacerdotal. Después de las letanías, el Santo Padre impuso las manos sobre la cabeza de cada elegido, y continuando con el rito, los ordenandos, ayudados por otros presbíteros, se pusieron la estola sacerdotal y la casulla. Luego el Papa les ungió con el sagrado crisma las palmas de las manos, y también entregó a cada uno el pan sobre la patena y el cáliz con el vino preparados para la celebración de la misa. Finalmente abrazó a todos los recién ordenados. Seguidamente la homilía completa del Papa.

Homilía completa del Santo Padre Francisco

Queridos hermanos, estos nuestros hijos y hermanos han sido llamados la orden del presbiterado. Como ustedes saben bien, el Señor Jesús es el único Sumo Sacerdote del Nuevo Testamento, pero también en Él todo el pueblo santo de Dios ha sido establecido pueblo sacerdotal.

No menos importante entre todos sus discípulos, el Señor Jesús quiere escoger algunos en particular, para que ejercitando públicamente en la iglesia su nombre y el oficio sacerdotal en favor de todos los hombres para continúen su misión personal de Maestro, Sacerdote y Pastor. Después de una profunda reflexión vamos a elevar al Orden de los Presbíteros a nuestros hermanos, para que al servicio de Cristo, Sacerdote y Pastor, cooperen en la edificación del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia de Cristo: el pueblo de Dios es el templo santo en el Espíritu. Ellos, de hecho, serán configurados a Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, es decir, serán consagrados como verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento. Y con este título que les une a su obispo en el sacerdocio, serán predicadores del Evangelio, pastores del pueblo de Dios y presidirán los actos de culto, sobre todo la celebración del sacrificio del Señor.

En cuanto a ustedes, amados hijos, que van a ser promovidos al orden sacerdotal, consideren que por el ejercicio del ministerio de la sagrada doctrina van a ser partícipes de la misión de Cristo, el único Maestro.Dispensarán a todos aquella palabra de Dios, que ustedes mismos han recibido con alegría, de sus madres, de sus catequistas. Lean y mediten asiduamente la Palabra del Señor para creer lo que han leído, para enseñar lo que ha aprendido en la fe, para vivir lo que han enseñado. ¡Sea, por lo tanto, alimento para el pueblo de Dios su doctrina, que no es suya y ustedes no son dueños de la doctrina! Es la doctrina del Señor y ustedes han de ser fieles a la doctrina del Señor! Sea, por lo tanto, alimento para el pueblo de Dios su doctrina. La alegría y el apoyo a los fieles de Cristo, el perfume de sus vidas, porque con la palabra y el ejemplo edificarán la casa de Dios, que es la Iglesia. Y así ustedes van a continuar la obra santificadora de Cristo. A través de su ministerio, el sacrificio espiritual de los fieles se hace perfecto, porque unido al sacrificio de Cristo, con sus manos, en nombre de toda la Iglesia, se ofrece en el altar de la celebración de los santos misterios. Reconozcan, pues, lo que realicen, imiten lo que celebran, porque participando al misterio de la muerte y resurrección del Señor, llevarán la muerte de Cristo en sus miembros y caminarán con Él en una vida nueva.

Con el Bautismo agregarán nuevos fieles al pueblo de Dios; con el Sacramento de la Penitencia perdonarán los pecados en nombre de Cristo y de la Iglesia. Y aquí me quiero detener y pedirles que, por el amor de Jesucristo, no se cansen nunca de ser misericordiosos. Por favor, tengan esa capacidad de perdón que tuvo el Señor, que ¡no vino a condenar sino para perdonar! Tengan misericordia, tanta misericordia! Y si les viene el escrúpulo de ser demasiado “perdonadores” piensen en el santo cura del que les hablé que iba delante del Santísimo y decía: “Señor, perdóname si he perdonado demasiado, pero eres tú el que me ha dado el mal ejemplo de perdonar tanto”. Es así…Pero yo les digo verdaderamente, que siento tanto dolor cuando encuentro gente que no va a confesarse porque ha sido maltratada, muy mal, regañada; ¡han visto como les cerraban las puertas de la Iglesia en la cara! Por favor no hagan esto: misericordia, misericordia.

El buen pastor entra por la puerta y la puerta de la misericordia son las llagas del Señor: si ustedes no entran en su ministerio por las llagas del Señor, ustedes no serán buenos pastores.Con el óleo santo darán alivio a los enfermos; celebrando los ritos sagrados y rezando la liturgia de las horas, serán la voz del pueblo de Dios, y de toida la humanidad. Concientes de haber sido elegidos entre los hombres para atender las cosas de Dios, ejerciten con alegría y caridad la obra sacerdotal de Cristo, buscando agradar a Dios y no a ustedes mismos.

Y piensen en lo que decía San Agustín de los pastores que buscaban agradarse a sí mismos y usaban las ovejas del Señor como alimento y para vestirse y para tener majestad de un ministerio que no se sabía si era de Dios. Participando en la misión de Cristo en comunión con su obispo empéñense en formar una sola familia, para unir a los fieles para conducirles a Dios Padre, por medio de Cristo, en el Espíritu Santo.

Tengan siempre ante los ojos el ejemplo del Buen Pastor, que no ha venido para ser servido, sino para buscar y salvar a los que están perdidos.

 (Traducción de Mónica Zorita y Eduardo Rubió)

domingo, 20 de abril de 2014

Felices Pascuas. Mensaje de Arzobispo Sturla de Uruguay

"¡Alegría mía, Cristo ha resucitado!" Con este antiguo saludo pascual quiero llegar a cada uno de ustedes para que "levantemos el corazón" desde la esperanza renovada de la Pascua.

Hace unos días el Vicario Pastoral, que ha trabajado mucho en la pastoral carcelaria, me entregó el "Protocolo de la vida y atención religiosa en las cárceles". Es todo un avance que la sociedad civil y el estado reconozcan la necesidad espiritual de nuestros hermanos que están privados de libertad. Muchos de ellos son jóvenes. La alegría del paso dado me trajo, con todo, cierta tristeza. Pensé: si esa asistencia espiritual la hubieran recibido antes de caer en la cárcel, ¿estarían allí ahora?

Discutimos si está bien o no la regulación de la marihuana, nos quejamos de la sociedad consumista, nos horrorizamos por los casos de violencia doméstica o de prostitución infantil, pero estas situaciones se dan en el trasfondo de un gran vacío espiritual, o, como muchos llaman, de una pérdida de valores en nuestra sociedad. ¿Hacemos algo para remediarlo?

Se habla a nivel político de los problemas de nuestra educación. Y aunque aparece aquí y allá el tema de los valores, la mayoría de las discusiones se refieren a la caída en el nivel de conocimientos de nuestros chicos. Pero, ¿tenemos en cuenta su formación espiritual? ¿Nos ocupamos realmente de ayudarles a construir un sentido de vida y un proyecto que los realice como personas y ciudadanos? ¿O reservamos la "asistencia espiritual" para la cárcel y los centros de rehabilitación de adicciones?

La Pascua es la gran fiesta de la liberación y del triunfo de la vida. Lo fue para el pueblo judío que la sigue conmemorando como la salida de la esclavitud de Egipto por la mano poderosa de Dios. Lo es para los cristianos que celebramos en ella la muerte y resurrección de Jesús. Cristo nos libera del pecado, de la deshumanización, del mal y de la muerte. El cirio pascual encendido en nuestras iglesias nos recuerda que Jesús es la luz capaz de disipar las tinieblas del corazón y del espíritu humano.

Los seres humanos somos contradictorios y complejos, pero Dios es simple. Cuando nos acercamos a Él nuestra vida se hace más sencilla, nuestros problemas cotidianos encuentran caminos de solución o, al menos, recibimos mayor claridad para resolverlos y fuerza para sobrellevarlos. Jesús nos libera, aligera la carga a veces pesada de nuestra vida, y sana nuestras heridas. Nos impulsa al bien, nos llena de esperanza y alegría.

La educación de nuestros niños, adolescentes y jóvenes no puede desconocer la dimensión religiosa. A Aveces los chicos están cargados de actividades, ¿está entre ellas su formación religiosa? Las familias católicas o de tradición cristiana, no pueden dejar para más adelante lo que es su primera responsabilidad, la que asumen el día del bautismo de sus hijos. Se les ha preguntado en ese día: "¿Saben que se obligan a educar a su hijo en la fe para que este niño, guardando los mandamientos de Dios, ame al Señor y al prójimo como Cristo nos enseña en el Evangelio?"

Cuando uno ve jóvenes cristianos llenos de vida, de iniciativas, de espíritu misionero y de servicio, orantes y alegres, encuentra que la Pascua sigue presente entre nosotros. Cristo está vivo, la luz pascual brilla. Las tinieblas del consumismo, del sexo por diversión, de la droga y la delincuencia, dan paso, en quienes se acercan a Cristo y descubren el gozo de su amistad, a la luz del servicio, del amor puro, de la vida plena de sentido.

Abrirse a la dimensión religiosa en la formación de las futuras generaciones es un "debe" de nuestra sociedad. Educar en la fe a los niños, adolescentes y jóvenes constituye, para las familias cristianas, las comunidades parroquiales y los centros educativos católicos, un deber primordial. Es el camino de felicidad más cierto que podemos ofrecerles, es el regalo más hermoso, es la mejor herencia que dejar a las jóvenes generaciones. ¡Felices pascuas!

Con mi bendición.
Daniel Sturla
Arzobispo de Montevideo

sábado, 22 de marzo de 2014

Francisco: «No a los cristianos hipócritas y “disfrazados” de santos»

El Papa en Santa Marta: «La Cuaresma es tiempo de conversión»; es necesario «curar a los hermanos necesitados, a los más pobres, a los enfermos, como nos enseña el Señor»
Nota de:DOMENICO AGASSO JR ROMA

La Cuaresma es tiempo para «arreglar la vida», «para acercarse al Señor». Lo subrayó Papa Francisco en la homilía de la Misa matutina en la Capilla de la Casa Santa Marta, según indicó la Radio Vaticana. El Pontífice dijo que hay que tener cuidado y no hay que sentirnos «mejores que los demás». Los hipócritas, subrayó, «se disfrazan de buenos», «de santos», y no comprenden que «nadie es justo por sí mismo», pues «todos necesitamos ser justificados».

«Conversión»: para Bergoglio es la palabra clave de la Cuaresma, tiempo propicio para «acercarnos» a Jesús. Y, al comentar la Primera Lectura de hoy, del libro de Isaías, observó que Dios llama a la conversión a dos «ciudades pecadoras» como Sodoma y Gomorra. Esto, afirmó, indica que todos «necesitamos cambiar vida». Y la Cuaresma es justamente este «arreglar la vida», acercándose al Señor.

Sin embargo, añadió, el Señor quiere «un acercamiento sincero» y nos pone en guardia para no ser hipócritas: «¿Qué hacen los hipócritas? Se disfrazan, se disfrazan de buenos: ponen cara de imagencita, rezan mirando hacia el cielo, haciéndose ver, se sienten más justos que los demás, desprecian a los demás. “Pero – dicen – yo soy muy católico, porque mi tío es un gran benefactor, mi familia es ésta, y yo soy... he aprendido... conocido a tal obispo, a tal cardenal, a tal padre...”. “Yo soy...”. Se sienten mejores que los demás. Ésta es la hipocresía. El Señor dice: “No, eso no”. Ninguno es justo por sí mismo. Todos tenemos necesidad de ser justificados. Y el único que nos justifica es Jesucristo».

Por esta razón, añadió el Papa, debemos acercarnos al Señor, «para no ser cristianos disfrazados, que cuando pasa esta apariencia, se ve la realidad, es decir que no son cristianos». Ante la pregunta sobre cómo no ser hipócritas y acercarnos al Señor, Francisco dijo que la respuesta nos la da el mismo Señor en la primera Lectura cuando dice: «Lávense, purifíquense, alejen de mis ojos el mal de sus acciones, dejen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien». Ésta es la invitación. Y al preguntar cuál es el signo que indica que vamos por el buen camino, el Papa dijo: «Socorran al oprimido, hagan justicia al huérfano, defiendan la causa de la viuda. Ocúpense del prójimo: del enfermo, del pobre, del que tiene necesidad, del ignorante. Ésta es la piedra de toque. Los hipócritas no saben hacer esto, no pueden, porque están tan llenos de sí mismos que están ciegos para mirar a los demás. Cuando uno camina un poco y se acerca al Señor, la luz del Señor le hace ver estas cosas y va a ayudar a los hermanos. Éste es el signo, éste es el signo de la conversión».

El Papa observó que ciertamente «no es toda la conversión», eso es, en efecto, «el encuentro con Jesucristo», pero «el signo de que nosotros estamos con Jesucristo es éste: atender a los hermanos, a los pobres, a los enfermos, como el Señor nos enseña» y como leemos en el capítulo 25 del Evangelio de Mateo: «La Cuaresma es para ajustar la vida, organizar la vida, cambiar la vida, para acercarnos al Señor. El signo de que estamos lejos del Señor es la hipocresía. El hipócrita no tiene necesidad del Señor, se salva por sí mismo, así piensa, y se viste de santo. El signo de que nosotros nos acercamos al Señor con la penitencia, pidiendo perdón, es que nosotros cuidamos a nuestros hermanos necesitados. Que el Señor nos de a todos luz y coraje: luz para conocer lo que sucede dentro de nosotros y coraje para convertirnos, para acercarnos al Señor. ¡Es hermoso estar cerca del Señor!».

domingo, 16 de febrero de 2014

Las palabras pueden matar

#PapaFrancisco

Jesús nos recuerda que ¡también las palabras pueden matar! Por lo tanto, no sólo no se debe atentar contra la vida de los demás, sino tampoco derramar sobre él el veneno de la ira y golpearlo con la calumnia. …Estamos llamados a reconciliarnos con nuestros hermanos antes de mostrar nuestra devoción al Señor en la oración. 16 de febrero del 2014 (Radio Vaticana/News.va)

Queridos hermanos y hermanas:
el Evangelio de este domingo forma parte todavía del llamado "Sermón de la Montaña", la primera gran predicación de Jesús. Hoy el tema es la actitud de Jesús con respecto a la Ley judía. Él dice: " No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento” (Mateo 5:17). Así que Jesús no quiere cancelar los mandamientos que el Señor dio por medio de Moisés, sino que quiere llevarlos a su plenitud. E inmediatamente después añade que este "cumplimiento" de la Ley requiere una justicia superior, una observancia más auténtica. Y de hecho dice a sus discípulos: “Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos " (Mt 05:20).

¿Pero qué significa este "pleno cumplimiento" de la ley? ¿Y en qué consiste esta justicia superior? El mismo Jesús nos responde con algunos ejemplos, comparando La antigua ley con lo que Él nos dice. Comienza desde el quinto mandamiento del Decálogo: “Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: "No matarás"; pero yo les digo que todo aquel que se enoja contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal". (vv. 21-22). Con esto, Jesús nos recuerda que ¡también las palabras pueden matar! Por lo tanto, no sólo no se debe atentar contra la vida de los demás, sino tampoco derramar sobre él el veneno de la ira y golpearlo con la calumnia.
Jesús propone a los que siguen la perfección del amor: un amor cuya única medida es no tener medida, ir más allá de todo cálculo.

El amor al prójimo es una actitud tan fundamental que Jesús llega a afirmar que nuestra relación con Dios no puede ser sincera si no queremos hacer la paz con el prójimo: “Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, y ve antes a reconciliarte con tu hermano”. (vv. 23-24). Por esto estamos llamados a reconciliarnos con nuestros hermanos antes de mostrar nuestra devoción al Señor en la oración.

De todo esto queda claro que Jesús no da importancia sólo a la observancia disciplinar y a la conducta externa. Él va a la raíz de la Ley, centrándose especialmente en la intención y por tanto en el corazón humano, donde se originan nuestras acciones buenas o malas. Para obtener un comportamiento bueno y honesto no son suficientes las normas jurídicas, sino que son necesarias motivaciones profundas, expresión de una sabiduría oculta, la Sabiduría de Dios, que se pueden recibir gracias al Espíritu Santo. Y nosotros, a través de la fe en Cristo, podemos abrirnos a la acción del Espíritu, que nos permite vivir el amor divino.

A la luz de esta enseñanza de Cristo, todos los mandamientos revelan su pleno significado como una exigencia de amor, y todos se reúnen en el gran mandamiento: amar a Dios con todo tu corazón y al prójimo como a ti mismo.
 http://www.news.va/es/news/el-papa-francisco-en-el-angelus-reflexiona-sobre-l

domingo, 9 de febrero de 2014

Día mundial del enfermo 11 de febrero

El Papa Francisco ha tomado como reflexión central para la XXII Jornada Mundial del Enfermo, de la carta de San Juan la célebre frase: “También nosotros debemos dar la vida por los hermanos enfermos”. El Papa lo ha demostrado no solo con palabras sino con hechos muy concretos; ya que hemos visto como durante este corto período de su Pontificado se ha acercado con cariño y misericordia a tantos enfermos de toda edad y condición de salud, es la frase que ha resonado y que tiene que adentrarse en nosotros, cuando se acerca a los enfermos: “Jesús está presente entre ustedes.”


En el mensaje resalta también la entrega abnegada y generosa de las personas responsables del cuidado de los enfermos y a quienes se acercan a ellos para prodigarles tratamiento. “Ver en cada rostro sufriente al mismo Hijo de Dios que padeció en la cruz en donde destruyó la soledad del sufrimiento y ha iluminado la oscuridad”.

Así es como debemos ver nuestros sufrimientos y el sufrimiento de nuestros hermanos, llevándoles este mensaje de amor, ternura y esperanza.

domingo, 2 de febrero de 2014

Un mate -bebida uruguaya- para el Papa

Un mate de Walter Gargano para el papa Francisco
"Solo un uruguayo es capaz de hacer eso", le dijo el Papa cuando vio al futbolista con el termo bajo el brazo durante una visita al Vaticano
http://www.elobservador.com.uy/noticia/270714/un-mate-de-walter-gargano-para-el-papa-francisco/

"Mate para la historia", "Inolvidable", "Felicidad", tuiteó  Walter Gargano junto a fotografías del Papa Francisco bebiendo el mate que el futbolista uruguayo le cebara el sábado en una visita de su equipo Parma al sumo Pontífice.

En el video registrado por el club italiano puede verse que el Papa Francisco al ver a Gargano con termo y mate bajo el brazo le expresa: "Sólo un uruguayo es capaz de hacer eso". Luego de probar la infusión, Francisco recuerda que el presidente uruguayo José Mujica también trajo el mate al Vaticano .

"Usted sabe tomar mate, porque tomó toda el agua", le dice Gargano, cuando el Papa le devuelve el mate. Francisco sonrie y alza el pulgar.

El Parma, que este año festeja su centenario, señaló en un comunicado que la atmósfera íntima del encuentro se potenció cuando "el Papa pidió compartir un mate" a Gargano.

miércoles, 29 de enero de 2014

Alaba al Sr con alegría

Eres capaz de gritar cuando tu equipo hace un gol y no de cantar las alabanzas al Señor?
El Papa el martes en Santa Marta

2014-01-28 Radio Vaticana
(RV).- La oración de alabanza nos hace fecundos. Lo afirmó el Papa Francisco en la Misa de esta mañana en la Casa de Santa Marta. El Papa, comentando la danza alegre de David para el Señor de la que habla la Primera Lectura, subrayó que, si nos cerramos en la formalidad, nuestra oración se vuelve fría y estéril.

“David danzaba con todas las fuerzas ante el Señor”. El Santo Padre desarrolló su homilía partiendo de esta imagen alegre, relatada en el Segundo Libro de Samuel. Todo el Pueblo de Dios, recordó, estaba de fiesta porque el Arca de la Alianza regresaba a casa. La oración de alabanza de David, continuó, “lo llevó a dejar toda compostura y a danzar ante el Señor” con “todas las fuerzas”. Esta, comentó, “¡era precisamente la oración de alabanza!”. Leyendo este pasaje, dijo, “pienso inmediatamente” en Sara, después de haber dado a luz a Isaac: “¡El Señor me ha hecho bailar de alegría!”. Esta anciana. Como el joven David – resaltó el Papa – “bailó de alegría” ante el Señor. “A nosotros – observó luego – nos es fácil entender la oración para pedir una cosa al Señor, también para agradecer al Señor”. También entender la “oración de adoración”, aseguró, “no es tan difícil”. Pero la oración de alabanza “la dejamos de lado, no nos viene espontáneamente”:
“‘Pero, Padre, ¡esto es para aquellos de la Renovación en el Espíritu, no para todos los cristianos!’. No, la oración de alabanza es una oración cristiana ¡para todos nosotros! En la Misa, todos los días, cuando cantamos el Santo… Esta es una oración de alabanza: alabamos a Dios por su grandeza, ¡porque es grande! Y le decimos cosas hermosas, porque nos gusta que sea así. ‘Pero, Padre, yo no soy capaz… Yo debo…’. Pero ¿eres capaz de gritar cuando tu equipo de fútbol hace un gol y no eres capaz de cantar las alabanzas al Señor? ¿De salir un poco de tu contención para cantar esto? ¡Alabar a Dios es totalmente gratuito! ¡No pedimos, no agradecemos: alabamos!”

Debemos rezar “con todo el corazón”, prosiguió: “Es también un acto de justicia, ¡porque Él es grande! ¡Es nuestro Dios!”. David, recordó luego, “era tan feliz, porque el arca regresaba, regresaba el Señor: con aquella danza también su cuerpo rezaba”:
“Una buena pregunta que podemos hacernos hoy: ‘¿Cómo está mi oración de alabanza? ¿Yo sé alabar al Señor? Sé alabar al Señor, o cuando rezo el Gloria o rezo el Santo lo hago sólo con la boca y no con todo el corazón?’ ¿Qué me dice aquí David, danzando? ¿Y Sara, bailando de alegría? Cuando David entra a la ciudad comienza otra cosa: ¡una fiesta!”

“La alegría de la alabanza – recalcó el Obispo de Roma – nos lleva a la alegría de la fiesta. La fiesta de la familia”. El Papa recordó que cuando David entra al palacio, la hija del rey Saúl, Mical, lo reprende y le pregunta si no sentía vergüenza por haber bailado de aquella manera delante de todos, él que es el rey. Mical “despreció a David”:
“Me pregunto ¿cuántas veces despreciamos en nuestro corazón a personas buenas, gente buena que alaba al Señor como le nace, así espontáneamente, porque no son cultos, no siguen las formalidades? ¡Desprecio! Y la Biblia dice que por este motivo Mical se quedó estéril ¡por toda la vida! ¿Qué cosa quiere decir aquí Palabra de Dios? ¡Que la alegría, que la oración de alabanza nos hace fecundos! Sara bailaba en un momento grande de su fecundidad, ¡con noventa años! La fecundidad que nos da la alabanza al Señor, la gratuidad de alabar al Señor. Aquel hombre o aquella mujer que alaba al Señor, que reza alabando al Señor, que cuando reza el Gloria se alegra de decirlo, cuando canta el Santo en la Misa se alegra de cantarlo, es un hombre o una mujer fecundo”. (RC-RV)